Horizontes es una serie de ocho obras que nace de la conexión entre la naturaleza y nuestro mundo interior.
El horizonte representa ese lugar hacia el que miramos cuando imaginamos dónde queremos estar. Puede ser un lugar físico, pero también un estado emocional, un deseo, una búsqueda o una forma de encontrarnos con nosotros mismos. Cada obra expresa una parte de ese recorrido: aquello que nos sostiene, lo que dejamos atrás, lo que nace, lo que nos transforma y aquello que anhelamos alcanzar.
Los tonos suaves y las pinceladas espontáneas buscan transmitir calma, luz y silencio, pero bajo esa aparente serenidad existe fuerza y carácter. Una fuerza que no necesita imponerse y que convive con una sensibilidad más dulce e intuitiva.
Los pequeños fragmentos dorados aparecen como una presencia especial dentro de cada obra. Para mí, el dorado representa la grandeza, el esplendor personal y ese brillo que cada persona guarda en su interior. Es aquello que nos recuerda que, incluso en los momentos de búsqueda, existe dentro de nosotros algo valioso y único.
La naturaleza está presente no como una representación literal, sino como una sensación: la tierra que nos sostiene, el agua que fluye, el aire que respiramos, el fuego que transforma, la vida que brota y los reflejos que nos llevan a mirar hacia dentro.
Horizontes habla de ese lugar al que todos, de una manera u otra, deseamos llegar. Un lugar que a veces está fuera y otras veces se encuentra dentro de nosotros mismos.Agua representa el movimiento y la capacidad de adaptarnos. Fluir, avanzar, cambiar de dirección y dejar que la vida encuentre su propio camino. Es también una invitación a confiar y a no aferrarnos a aquello que necesita seguir su curso.